En Colombia, a nivel nacional  con los acuerdos de paz en desarrollo el panorama en los territorios debería haber comenzado a cambiar; sin embargo, la realidad a fecha de hoy es que todavía existe un panorama difícil en el suroccidente colombiano. Aún persisten hechos violentos y conflictos sociales que repercuten en la región (altos indicios de homicidios, desplazamiento forzado, enfrentamientos por los territorios por parte de grupos guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes). Además, persiste la disputa por los recursos naturales en zonas de reserva forestal, la presión por los monocultivos y las disputas por el agua entre la agroindustria y las comunidades negras, indígenas y campesinas.

No se puede aislar la situación del país con la situación del macizo nariñense, a pesar de la ausencia significativa del Estado. No obstante, las organizaciones, los movimientos sociales, encabezados por mujeres y productores agrícolas, les han hecho frente a estos fenómenos; permitiendo la reconstrucción del tejido social y las identidades colectivas. que han marcado distancia con estos intentos de subordinación a las lógicas de confrontación armada. 

Pese a presentar cambios significativos en los diversos indicadores de distribución de la propiedad, Nariño presenta desigualdades notorias en la tenencia de la tierra.

 

En la formulación del Convenio se priorizaron 10 municipios del norte del Nariño  (San Lorenzo, Taminango, Arboleda, La Unión, San Pablo y Colón), una parte de la zona circunvalar al Galeras (Yacuanquer, Sandoná y Pasto) y un punto en  la cordillera (Los Andes). Estos municipios hacen parte del Macizo Andino Nariñense, el cual hace parte del Macizo Colombiano;  reconocido como ecoregión desde hace 30 años.

Nariño es un departamento que por su posición geográfica ha estado en disputa por distintos actores armados para diversos propósitos. El conflicto armado se ha vivido de varias maneras, haciéndose permanente; sin embargo, pese a esa constante, hay un cúmulo de capacidades territoriales para hacerle frente; reafirmando que Nariño ha reconstruido su territorio con iniciativas legítimas de paz, a través de la sinergia de varios procesos organizativos que deben ser contados y visibilizados para poder dimensionar el impacto en las transformaciones de las realidades concretas, a través del fortalecimiento de las mujeres campesinas e indígenas de la región y de sus organizaciones.

De esta manera, se hace necesario hacer un contexto del territorio más allá del análisis socio político y económico del departamento. Por tanto, es de interés del convenio, comprender  y visibilizar las dinámicas territoriales desde un diálogo entre las luchas sociales y reivindicaciones de las campesinas y de los campesinos con el contexto nacional y regional, comprendiendo la complejidad de la región del Macizo Andino Nariñense.